Si tú me mandas un mensaje de Buenos Días, es demasiado probable que me hagas sentir importante y lo más importante es que mi buen humor se elevará notablemente
Un café con Sofía Renee, Quetzal Noah (via quetzalnoah)
Hubo una vez en una
princesa que vivía en un tercer piso y su departamento tenía un balcón con
vista la calle, esta tenía en sus alrededores algunos cafés, bares y un gran
camellón por donde los vecinos solían pasear con sus mascotas. La princesa no
se enamoraba muy a menudo porque su corazón era peligroso y ella lo sabía.
Tenía todo lo que una princesa deseaba en aquel entonces: libertad emocional,
su propio negocio, tiempo para salir con sus amigos, varios boletos de avión y
dinero para patrocinar buenas fiestas en su departamento.
Aconteció que una tarde
de jueves la princesa leía un libro de poesía en una banca junto a su perrita
Diamantina, traía unos converse de color verde, una blusa de cuadros, sus
lentes para lectura y un Ipod con música clásica para concentrarse. De pronto
un joven apuesto de cabello corto, piel semi tostada, pestañas grandes y con un
sombrero bonito se acercó, la princesa no se percató de él, el joven bajó la
mirada y al leer el título del libro que era de Mario Benedetti le recitó
Táctica y Estrategia. La princesa lo miró sorprendida y el joven le dijo otro
poema, la princesa se quitó los audífonos e hizo una sonrisa inocente. Para
antes de que fueran las nueve los dos ya hablaban de libros, viajes, películas
y los misterios del universo en otro lado del parque bebiendo un café en vasos
desechables. Quedaron de volverse a ver en el parque y se enamoraron. Ella
sucumbía ante su varonil forma de ser romántico y él le encontraba cada día una
forma de provocarle un destello en los parpados o las mejillas.
Se amaron tanto pero un
día una de las roomies de la princesa le contó que vio a su príncipe en un bar
besando a otra princesa. La princesa dudó pero la actitud del príncipe fue
cambiando. Por ejemplo llegaba tarde a las citas, se le olvidaba llevar los
ingredientes para cocinar o había dejado de tener ciertas atenciones con ella.
Un día por descuido el príncipe dejó el celular en la mesa del bar donde discutían,
se paró para ir al baño, al regresar la princesa había encontrado toda la
evidencia. La princesa estuvo triste y no quiso ya saber de él, lo amaba pero
ya no lo quería ver.
Un día el príncipe tuvo
el descaro de pedirle una película que seguía en el departamento de la
princesa, le echó un grito y ella se asomó por el balcón, la princesa al verlo
se quebró en un llanto que más que de tristeza era de coraje, y lloró y lloró,
sus lágrimas fueron tantas que lo vientos se hicieron más fuertes y la calle se
inundó y una corriente arrastró al príncipe; el príncipe se fue, se fue a
chingada….